Cuando el cuerpo dice lo que la mente calla
1 Mayo 2026
Padres al dia
Vivimos acelerados, desconectados de las señales más básicas del cuerpo. Este artículo invita a comprender el malestar corporal como un mensaje emocional que merece atención, no negación.
El cuerpo también habla: aprender a escucharlo
Durante mucho tiempo aprendimos a vivir "de la cabeza para arriba": pensar, analizar, resolver y seguir adelante. El cuerpo quedó relegado a un segundo plano, como si fuera solo un vehículo que había que empujar para que rinda.
Sin embargo, el cuerpo nunca dejó de hablar. El problema es que dejamos de escucharlo. Dolores recurrentes, contracturas, insomnio, cansancio extremo, malestar digestivo o falta de energía no aparecen de la nada. Muchas veces son la forma que encuentra el cuerpo de expresar aquello que no pudo ser dicho con palabras. No como castigo, sino como advertencia.
Cuando el cuerpo se convierte en mensajero
La psicología contemporánea reconoce que cuerpo y mente no funcionan por separado. Las emociones no expresadas, los límites no puestos y las situaciones sostenidas por demasiado tiempo suelen encontrar una vía de descarga corporal.
El cuerpo registra antes de que la mente comprenda. Se tensa, se acelera, se apaga o duele cuando algo no está siendo cuidado. Ignorar esas señales no las hace desaparecer; solo las empuja a manifestarse con mayor intensidad.
Muchas personas se acostumbran a vivir con molestias constantes, como si fueran parte normal de la vida adulta. Se normaliza el dolor, el cansancio y la falta de vitalidad, sin preguntarse qué mensaje hay detrás.
La desconexión corporal como forma de adaptación
Al igual que con las emociones, la desconexión del cuerpo suele empezar temprano. A muchos niños se les enseña a no registrar el cansancio, a no escuchar el hambre, a no quejarse del dolor o a "aguantarse". El mensaje es claro: el cuerpo no es prioridad.
Con el tiempo, esta desconexión se vuelve hábito. Adultos que no saben cuándo parar, que no perciben el agotamiento hasta que el cuerpo colapsa, o que solo registran sus necesidades cuando el malestar es insoportable.
Esta forma de vivir puede sostenerse por un tiempo, pero tiene un costo. El cuerpo no olvida lo que la mente intenta ignorar.
El estrés que se aloja en el cuerpo
El estrés no es solo una experiencia mental, sino una respuesta fisiológica que, cuando se vuelve crónica, altera el funcionamiento del organismo. Respiración superficial, músculos en tensión permanente, sistema digestivo alterado y dificultades para descansar son señales frecuentes.
Cuando vivimos en estado de alerta constante, el cuerpo interpreta que no hay espacio para relajarse. Incluso en momentos de quietud, la tensión persiste. Dormir no siempre es descansar cuando el cuerpo sigue en guardia.
Lic. Patricia Zubizarreta Canillas
Psicóloga Clínica




